Un mundial no mundial
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Es cierto que una vez que empiece el mundial veremos todos los partidos, incluidos esos encuentros muertos entre selecciones que no se jugarán nada en la última fecha de la fase de grupos. Mi apuesta: Nueva Zelanda - Bosnia.
Es cierto que coleccionaremos el álbum como cuando teníamos diez años y cambiaremos las láminas esta vez con nuestros hijos y sus amigos.
Es cierto que igual haremos un asado con amigos para ver la final y gritaremos los goles del que nos caiga menos mal de los dos equipos. Aunque a veces la ponen difícil como en el mundial pasado: Los más insoportables de cada continente.
Y es cierto que participaremos con entusiasmo en la Polla Gol con familiares donde evidentemente perderemos nuestro poco dinero porque juraremos que sabemos más que el resto, pero la tía de 70 años con más intuición que datos, se terminará llevando el pozo final para irse de vacaciones a Bahamas.
Todo eso es cierto. Pero también es cierto que este mundial tiene mala pinta. Entradas carísimas que por supuesto alejan a personas comunes y corrientes de los estadios y que invitan a que se llenen de personas que más les interesa subir sus fotos a instagram que los partidos mismos.
Una organización más preocupada de los famosillos que van a estar en el vip y en los espectáculos de medio tiempo, que en conectar con los hinchas que han hecho grande al deporte y que tiene cero apego por la transparencia. Una muestra: intenta comprar un ticket en el sitio de la FIFA.
A veces se puede, a veces no, algunos partidos sí, otros no, los precios varían por esae invento de los precios dinámicos que no es otra cosa de declarar un precio para luego subirlo.
Ya hay parodias de esto en todo internet, hinchas aceptando con resignación que a los gringos no les interesan los partidos y tendremos que ver un mundial más parecido a la WWF que a la competencia de fútbol más espectacular de todas. De hecho, esto del minuto de hidratación, instaurado como una norma más que como una medida de supervivencia física, delata una idea comercial detrás: Más pausas en el juego, más publicidad para vender.
En el mundial tendremos entonces partidos de cuatro tiempos. Una locura.
Agreguémosle a esto la ansiedad enfermiza de Gianni Infantino por congraciarse con el poder, su patética premiación a Trump por "su incansable esfuerzo por promover la paz" es la muestra más miserable de todo esto.
A la FIFA tampoco le interesa el fútbol. ¡Oh! fijamos sorpresa.
Sin embargo, siempre hay una esperanza y esa esperanza son los futbolistas y entrenadores que sí son obsesivos del deporte y la estrategia. Confiemos entonces en Raphinha, Messi, Valverde, Luis Díaz, Mbappé, Lamine, Cristiano y Palmer. Confiemos en Carletto, Deschamps y el Loco Bielsa.
Confiemos en que no permitirán que el juego más lindo se ahogue, como todo lo valioso de este mundo, entre el poder, el dinero y el contenido desechable de las redes sociales.