Tienes que leer: Hungría 62
En 1962 el presidente de la federación húngara de fútbol, Sándor Barcs, escribió un diario de viaje. Ese diario se transformó en un libro. Ese libro se publicó con gran éxito en Hungría. Por supuesto que en Chile nunca supimos de ese éxito y de hecho no lo supimos por más de sesenta años. Seis décadas que lo mantuvieron poco a poco hundiéndose en el olvido.
Pero un evento fortuito permitió rescatarlo del polvo y traerlo a Chile, traducirlo y publicarlo. Todo gracias al trabajo de la editorial Penal Largo y el apoyo de la embajada húngara.
Pero antes hay que responder una pregunta ¿Por qué nos interesaría a los chilenos leer un libro que escribió un húngaro seis décadas atrás? Respuesta: Porque ese diario se escribió en Rengo, en el invierno de 1962, con motivo del mundial chileno.
Sándor Barcs, además de presidente de su federación, había sido futbolista amateur, se mantenía activo en política interna y también era periodista. Por eso, no es de extrañar que el libro sea tan rico en descripciones técnicas, que relate tan bien las situaciones anecdóticas, que agregue humor, crítica y análisis sociopolítico de la realidad que se vivía tanto en Chile como en Hungría en aquella época. Todos estos matices llevan al lector por un camino reconfortante.
Este libro es una oportunidad valiosa. Podemos conocer un Chile que ya no existe y al mismo tiempo reconocernos en ese Chile. Se produce un encuentro trasgeneracional entre quien lee y quien protagoniza, entre el hoy y el pasado. El libro funciona como un puente que nos ayuda a revisarnos.
Como si viéramos un video antiguo de nosotros mismos o encontrásemos una libreta con notas de nuestra infancia, Hungría 62 permite reconectar con los sueños que tuvimos, con el lugar desde el que venimos y el camino que hemos hecho. Ése Chile era un país muchísimo más pobre, tal como lo relata Barcs, que usa la palabra miseria para describir la pobreza chilena. Sin embargo, al mismo tiempo, aún con esas carencias Chile soñaba, sus habitantes imaginaban un futuro mejor, una educación más liberadora y sus dirigentes reconstruían el país luego del terremoto.
Entre medio de todo eso estaba el mundial.
Mientras leía, me preguntaba ¿por qué dejamos de soñar?

Cuando Hungría conoció Rengo
Hungría, gracias al jefe de su delegación, nos muestra un fútbol diferente, menos profesionalizado, con menos recursos, pero más conectado con los hinchas. El equipo húngaro fue capaz de acercarse a los renguinos, conocerlos, generar un vínculo que luego se reflejó en la cancha y también en la ciudad. Todos los renguinos se hicieron hinchas de Hungría y los húngaros, aunque sea un poco, se fueron de Chile sintiéndose algo renguinos.
Esa conexión hoy parece imposible.
Da gusto leer las observaciones futbolísticas sobre el desarrollo de la selección húngara, que en ese momento estaba viviendo el ocaso de su generación dorada. Las reflexiones sobre la importancia de la patria y cómo se defiende. La deportividad y la caballerosidad en cada partido. El amor por el deporte y por quienes lo construyen.
Y qué decir de sus futbolistas: Conocemos a “La Pantera” Grosics en su último mundial, el puntero Károlys Sandor y el carismático Lajos Tichy. A través de las crónicas de cada partido entendemos la grandeza que tenían y lo cerca que estuvieron de meterse entre los cuatro mejores de nuestro mundial.
En este libro transmite respeto. Por el deportista y por el fútbol, personajes y actividades que nada tienen que ver con el dinero. Si no que con su integridad y desarrollo.
Hungría 62 es aire fresco, leer este libro permite reconciliarse con el fútbol y llenarse de energía para desde el lugar de cada uno, hacerlo más cercano, humano y emocionante. Como era entonces, como lo vivieron nuestros padres y abuelos en las mismas canchas a las que hoy vamos, aunque cada vez menos.