Otra vez un documental de un futbolista
Cada vez que sale un documental de algún ídolo de mi infancia y adolescencia, me obligo a verlo. Pero con el documental de Ronaldinho creo que ya es momento de jubilarme de esa práctica y no volver a caer ahí.
A menos que una productora independiente haga la película o serie, no tiene sentido alguno leer o ver por horas una historia que ya conocemos. Quienes producen estos documentales les interesa tanto tener a los protagonistas hablando que regalan su independecia editorial.
El protagonista pasa a ser sagrado, sólo se habla de lo que él quiere y de la forma en que él quiere, no se le contrasta con nada y lo que consiguen es una película con gusto a plumavit.
Con Ronaldinho pasa eso. Cuenta la historia de siempre: un niño nace en una población y gracias a su talento conquista el mundo. En el camino enfrenta obstáculos y los supera todos. Siempre hay personas malas que quieren dañar al ídolo, pero el ídolo se deshace de ellas fácilmente en su camino a la santidad.
Aburrido.
Con el tiempo que ha pasado desde que Ronaldinho se volvió el futbolista más grande del mundo, podríamos pensar que ya habría conseguido la madurez suficiente tanto él como su hermano -que coprotagoniza- como para entrar en los periodos complejos de su carrera y mostrarlos al mundo.
Por ejemplo, salió de Gremio, el equipo que lo formó, sin dejarle un peso por la venta al PSG, al final hubo juicio y PSG sí tuvo que pagar pero muchísimo menos de lo que valía el jugador. ¿Hay alguna reflexión crítica sobre eso? Se enfrentó con su entrenador en el PSG porque a Dinho le gustaba salir de noche. ¿Qué se saca de eso? Prácticamente nada, sólo que es mejor no hablar de ese entrenador porque no lo merece.
¿En serio? En un documental que tiene tres capítulos no van a profundizar en los problemas, en el lado oscuro de su carrera. Pues la respuesta es no. Peor aún, en el episodio de la cárcel, en la que estuvieron los hermanos detenidos por cinco meses por falsificación de pasaporte (entre otros cargos), no explican qué pasó realmente. Sólo fue un problema de otra persona, de un externo que les pasó esos documentos. Fin.
En resumen, un documental que no humaniza al ídolo, sino que lo ridiculiza. Ya todos sabemos que era bueno para la pelota. Pero desde ese lugar no se construye un santo al cual adular, necesariamente. ¿En serio no hay nada nuevo para mostrar? La respuesta de Netflix es no.
Le damos dos Striker de cinco.