Entrevista a Danilo Díaz

Entrevista a Danilo Díaz

“Nunca el hincha del fútbol chileno se sintió tan identificado con un proyecto periodístico como con Don Balón”

El "Tenor del Pueblo" repasa los años dorados de Don Balón, la revista que transformó el periodismo deportivo chileno de los años 90 con una nueva manera de narrar el fútbol, una propuesta visual inédita y una conexión pocas veces vista con los hinchas de todo el país. En esta conversación, recuerda el surgimiento de la publicación, su consolidación como revista de culto y el legado que dejó en generaciones completas de futboleros chilenos.

¿Cuándo y cómo entraste a ser parte del equipo de Don Balón?

Estuve desde el primer número. Llegué porque un profesor de Periodismo de la universidad me preguntó en qué estaba. En ese momento, iba en el cuarto año de universidad y colaboraba en La Tercera. Él me contactó con Raúl Pizarro, primer director de la revista, quien me pregunta si tengo algún amigo interesado en unirse al proyecto. Así fue como se me unió Juan Cristóbal Guarello, con quien entramos a Don Balón como redactores. 

En ese entonces, el equipo estaba compuesto por Raúl Pizarro, director general; Roberto Vallejos, editor; Guarello y yo, redactores; Carlos Vidal y Hernán Hernández, como colaboradores; y el equipo de fotografía estaba compuesto por  Pepe Alvujar, Andrés Piña y Juan Ramón Salinas. Al principio teníamos de editor de fotografía a Patrick Leighton, que en realidad era fotógrafo de Fórmula 1. Un fotógrafo importante, pero su mundo era otro. 

Lo que no teníamos era edición periodística, siendo los primeros números un desastre. Se planificó muy mal, no había estructura, iba en picada, no se vendía. Era realmente muy mala. El problema central de Don Balón era que no tenía pauta, entonces no teníamos secciones, era puro echarle para adelante. Pero ese fue un período corto de la revista. 

¿Por qué pasó eso? 

El problema es que todos hacíamos más cosas. El director dirigía otra revista, hacía clases y trabajaban en una radio; Roberto era el jefe de Estadio en Portales, con dos programas más las transmisiones desde los estadios, en un medio súper competitivo. Guarello y yo estábamos en la universidad, con carga horaria normal, Carlitos y el Nano trabajaban en radio. Entonces ninguno estaba de tiempo completo en la revista y en cualquier trabajo tienes que estar ciento por ciento involucrado. Eso lo entendí después. Creo que ese fue el problema de fondo y que nos llevó a hacer un mal producto, porque además estaba Minuto 90, que tenía una línea, un estilo establecido formado, precisamente, por el equipo que estaba en Don Balón. Entonces había que diferenciarse y ahí nos perdimos. 

¿La llegada de Francisco Mouat a la dirección de la revista fue un punto de inflexión?

Exacto. El quiebre se produce cuando Pancho pasa a dirigir la revista, a partir del número 17, con Claudio Borghi en la portada. Él llega con Hugo Marcone como subdirector y con Roberto Merino y Roberto Brodsky como redactores. Un equipazo. Guarello se había choreado, olfatea que vienen cambios, y se va a la revista Triunfo, de La Nación. Yo quería quedarme, así que Mouat me dice que probemos. Así fue como me quedé y logré proponer muchas ideas nuevas. 

Yo era un gran lector de El Gráfico y de otras revistas del extranjero entonces, entre mis ideas y el nivel periodístico de excelencia de este nuevo equipo, se empezaron a dar buenos resultados. Trabajamos muy bien y se fue armando un gran equipo.  

Cuéntame de las secciones de Don Balón.

Una vez constituido este nuevo equipo, fueron naciendo secciones como “Entrevista a fondo”, “Balonazos”, “Don Balón por el mundo”, “La entrevista a fondo”, “Las 75 preguntas”, un par de notas de reporteo, y a eso le sumábamos la cobertura de partidos. Así, la revista pasa a tener un diseño, un cuerpo. Al principio, como no teníamos recursos, casi no viajábamos. Con la llegada de Mouat, empezamos a viajar. La primera salida la hicimos a La Serena para Cobreloa vs La Serena, cuando los zorros estaban a punto de proclamarse campeón el año ‘92.

Se pegan el salto.

Absolutamente. Hicimos un producto que no se había visto antes: en colores, con buena foto. Tuvimos la suerte, también, de que las ventas comenzaran subir porque nos tocó una liguilla espectacular el ’92 N. de la R: que se juega el ’93 con Católica, la U, Colo-Colo y Unión Española. El ’93 Católica llega a la final de la Copa Libertadores, y la U venía levantando. Posteriormente, va a ser fundamental la pelea por el título el ’94 entre esos dos equipos. 

¿Eso ayudo a subir las ventas venta de la revista? 

Más que darle tiraje a la revista, nos ayudó consolidarla, que la gente la empezara a leer. Mucha gente la compró al principio y luego la dejó, pero con todo esto volvió. Entonces la empezaron a seguir, fidelizamos a un público. Y al propio mundo de fútbol le empezó a gustar salir en Don Balón; a los jugadores, a los dirigentes, a los entrenadores.

¿Cómo continuó la revista una vez que se consolidó, que ya era un producto más maduro?

Pancho Mouat deja la dirección de la revista el ’97 y asume Hugo Marcone como director. El proceso ya estaba consolidado, y a la selección chilena le empezó a ir bien. Celebrábamos la Fiesta de Don Balón, donde se elegían los mejores del año. Eso marcó una diferencia con el resto de los medios; es decir, los elegidos por Don Balón eran realmente los mejores. En esas fiestas todos querían estar: venían los jugadores hasta del extranjero. Eso era potentísimo. Quizás no teníamos los recursos de otros medios, pero lo que teníamos lo aprovechábamos al máximo.

¿Qué diferenciaba a Don Balón de otras revistas de la época como Triunfo o Minuto 90?

A ver, Triunfo era polideportivo, y en el ’93 Don Balón toma la decisión editorial de concentrarse exclusivamente en fútbol. La diferencia entre Don Balón y Minuto 90 era, primero, que el equipo de Don Balón trabajaba únicamente para la revista. Don Balón no era el pituto: nosotros vivíamos de ese trabajo. Tú no puedes armar un proyecto periodístico partiendo de la base que todos están afuera, tienes que estar todo el día pensando la revista. En Minuto 90, todos tenían otra pega. Lo otro y no menos importante, era que nosotros teníamos un muy buen equipo fotográfico. A la par, nosotros le comimos mucho público. 

¿Y Triunfo?

Era una revista que venía gratis con La Nación, lo que le daba una espalda. Pero tenían un problema; era en papel de diario. Nosotros no éramos couche, pero si luminol, un papel mejor. Teníamos un mejor tamaño y éramos más grandes que Triunfo. Minuto 90 era una revista más grande, pero muy incómoda; ¿dónde la llevas?, ¿dónde la transportas? Don Balón levanta redactores importantes como Igor Ochoa, Raúl Neira, Felipe Vial (hoy editor de Deportes de El Mercurio) o César Olmos. En un momento trajimos a Pablo Aravena, el esposo de Beatriz Sánchez, hoy sub-editor del El Mercurio, Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

¿Cómo fue la última etapa de la revista?

El año ’98 llega El Gráfico a Chile y se llevan a la mitad de la redacción; a mí me ofrecen irme, pero me quedé porque me ofrecen la dirección. Pero se van Hugo Marcone, Pablo Aravena y Felipe Vial. Los tres se fueron a El Mercurio, con Pepe Alvujar y Juan Ernesto Jaegger. Yo asumí y armé equipo con Lucho Urrutia (Chomsky) y varios otros. Ese ’98 competíamos con El Gráfico, y siempre nosotros vendimos más porque llevábamos más tiempo y la revista era más barata. Lo que ocurrió fue que el dueño de la revista tomó una pésima decisión editorial y económica; cuando se entera que El Mercurio con El Gráfico llegaban, pensó que lo iban a reventar y hace una alianza con La Tercera, que fue lo peor que pudo haber hecho. Bajó el precio de la revista que costaba $1.300 a $600. El primer número de esa etapa fue el 2-0 en Wembley con goles de Salas. La idea era subir el volumen de ventas para reventar a El Gráfico. Fue un error grosero que además coincide con la crisis asiática. Aguantamos todo el ’99, pero ya no había mucho más que hacer. Me fui a El Mercurio. 

Hablemos un poco del archivo fotográfico, una verdadera joya.

Nosotros teníamos una persona muy importante, Francisco Quintero, que era nuestro jefe de documentación. El Pancho había trabajado en APSI, donde fue jefe de documentación. Él es bibliotecólogo. Teníamos un archivazo: llegaban cosas de afuera, selección de recortes, armábamos carpetas. Teníamos una metodología de trabajo y eso profesionalizó a la revista. Don Balón tenía mucho mejor archivo que El Mercurio o que La Tercera, que eran mucho más grandes que nosotros. El material no se perdía; cada jugador del fútbol chileno tenía su carpeta. Además, nosotros hicimos desde el ’93 cosas como el “Todo Fútbol” que era la guía del futbol chileno y, desde el ’94, los Anuarios. Posteriormente armamos guías de la Copa América, de la Libertadores, etc. Eso fue una diferencia grande con el resto de los medios. 

¿Alguna anécdota o alguna producción fotográfica para el recuerdo?

Nosotros cambiamos todo. Por ejemplo, cuando juntamos a Sergio Vargas con Nelson Tapia y los subimos al arriba del marcador del Nacional, o cuando al mismo Sergio Vargas lo vestimos de Superman y lo llevamos a la Torre de la Telefónica en Plaza Italia. O cuando el Pablo Aravena vistió a Marcelo Zunino de La Máscara. Hicimos photoshopeo casero: juntamos a Gorosito con Aredes, pusimos al Chamuca Barrera y a Toniño en la camioneta del Padre Hurtado, y tantas otras cosas. Nos nutríamos mucho de ideas de afuera; nos llegaban El Gráfico, France Football, World Soccer, Kicker, Don Balón (España).

¿Cuál era la relación de Don Balón con su edición española? 

La Don Balón chilena tenía cuatro socios: Alejandro Schmauk, Guillermo Weinstein, Tomás Cox y Carlos Poblete, representante de Patricio Yañez. Este último consigue que llegue Rogelio Rengel, que era de Don Balón España, y él pone una parte y se integra al directorio de la revista con un capital. Pero los lectores que hacían la conexión con la edición española era uno bien reducido, muy de nicho. La gente en general no conocía Don Balón España.

Da la impresión que Don Balón fue una revista muy querida, muy nuestra ¿A qué se debió esto? 

Es que nosotros cubríamos a los tres grandes, pero también a todos los demás. Entonces el hincha del fútbol nos seguía. Un reportero con un fotógrafo, por ejemplo, se iban al sur. Puerto Montt, Osorno y Temuco estaban en primera, y en dos días se cubría todo. Así nacieron reportajes del tipo “El sur también existe”, dos o tres páginas de puro fútbol del sur.  O bien en el norte; Antofagasta, Cobreloa e Iquique. Esto generaba que todos los hinchas se hicieran partícipes. Y por supuesto que nosotros cubríamos segunda división. Yo creo que nunca el hincha del fútbol se sintió tan identificado con un proyecto periodístico como Don Balón. No hay ningún otro proyecto que haya involucrado a todo el fútbol como hizo Don Balón. Ningún hincha puede decir que no se habló de su equipo en Don Balón.

¿Cuánto ha cambiado nuestro fútbol? ¿Qué extrañas del fútbol chileno de los 90s?

Lo que pasa es que en los 90s los clubes del fútbol chileno eran potentes porque había plata y, como se pagaba bien, llegaban jugadores del extranjero de buen nivel. Y lo otro, muy importante, es que no había mucho jugador chileno afuera, entonces los clubes chilenos eran potentes porque tenían mejores jugadores. Eran pocos los que estaban afuera; Iván Zamorano, Fabian Estay, entre otros. Se peleaban campeonatos internacionales porque los jugadores estaban acá. Si por ejemplo hoy a nuestros clubes grandes les pones jugadores chilenos del extranjero, incluso de segundo orden cambia mucho la liga. Imagina a la U con Junior Fernández, Paulo Díaz, Eduardo Vargas o Sebastián Vegas.

¿Esto se tradujo en mejores rendimientos en copas internacionales?

El ’93 la Católica llega a la final de la Copa Libertadores, el ’94 la Unión Española llega a cuartos de final, el ’96 la U llega a la semifinal, el 96-97 Colo-Colo llega a la semifinal de la Supercopa…

Para cerrar, ¿cuál habría sido tu formación titular de Chile para el Mundial USA ’94?

Tapia al arco; el Coca Mendoza, por la derecha; Raimundo Tupper, por la izquierda; centrales, Ronald Fuentes y Javier Margas; al medio, Pizarro, Parraguez, Estay y Sierra; Zamorano y Salas arriba. 

 

 

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